¿Sabías que la antigua ciudad de Petra, esculpida en las majestuosas rocas rojizas de la actual Jordania, siempre ha cautivado al mundo por su monumentalidad arquitectónica? Pero la verdad es que todavía quedaba mucho por descubrir aquí, y un reciente equipo de arqueólogos ha puesto el foco en las entrañas de su ingeniería urbana y en el sistema que usaban para poder transportar agua en un entorno desértico.
El descubrimiento de este equipo ha revelado un sistema hídrico de una sofisticación sin precedentes en esta región, lo que ha transformado la comprensión de cómo la civilización nabatea logró prosperar, y no solo sobrevivir, en un entorno desértico muy árido. Este descubrimiento se ha publicado en la revista Levant por parte del equipo liderado por el arqueólogo Niklas Jungmann, donde ha documentado los hallazgos en el acueducto ‘Ain Braq tras unas prospecciones que se iniciaron en 2023.
Ahora, los investigadores han podido desvelar un complejo entramado de infraestructuras acuíferas que desafían las concepciones previas sobre la tecnología hidráulica de la antigüedad en el Próximo Oriente. El epicentro de este asombroso descubrimiento es la identificación de un conducto secundario conformado por tuberías de plomo que se extiende a lo largo de aproximadamente 116 metros.
La presencia de estas tuberías de plomo es un fenómeno extraordinariamente raro, especialmente fuera del contexto de edificios complejos o grandes termas romanas. En Petra, este conducto no era una mera cañería fortuita, sino una pieza tecnológica de altísima precisión integrada en un sistema que combinaba canales abiertos tallados directamente en la roca natural con estas avanzadas conducciones metálicas.
Su función era regular de forma exhaustiva la presión y el flujo del agua. Los investigadores aquí apuntan a que el tramo de plomo funcionaba mecánicamente como un sifón invertido, que es una gran proeza técnica que permitía al agua salvar los pronunciados desniveles que hay en el terreno. Con estos niveles, podía ser muy sencillo que las tuberías colapsaran, pero con el mecanismo que ingeniaron en la época, se pudo dar presión al agua y mantener el impulso allá por donde pasase.
Aunque esta especie de sifón invertido ha llamado mucho la atención, hay que sumar al sistema también nueve conductos, un gran embalse, dos cisternas y siete depósitos menores. Todo esto estaba destinado a captar el agua escasa, minimizar su evaporación y abastecer a la ciudad desértica. El estudio va más allá al apuntar a que el sistema de acueductos experimentó al menos dos grandes fases de desarrollo.
La primera se caracterizaba por el uso del plomo, un material costoso y exigente. Aquí, los expertos vinculan esta majestuosa obra con la época del rey nabateo Aretas IV, indicando que este sistema habría sido vital para sostener monumentos clave de la ciudad, como el Gran Templo. La segunda fase se centraba en la instalación de un conducto de terracota junto al original.
Esta transición hacia un material mucho más económico y fácil de reemplazar demuestra la flexibilidad y la eficiencia técnica a largo plazo de la ingeniería nabatea. Haber encontrado estas pruebas de un sistema hidrológico complejo obliga a los historiadores y arqueólogos a replantear el nivel de desarrollo tecnológico en Petra.
Más allá de su famosa arquitectura excavada en la roca, los nabateos fueron verdaderos maestros del agua. Y no es para menos, porque era necesario tener una buena infraestructura capaz de desafiar a un desierto implacable que podía condenar a aquellas ciudades que no supieran evolucionar y adaptarse a las condiciones donde se estaban desarrollando.
En resumen, el descubrimiento de este sistema hídrico en Petra es un hallazgo que desafía la historia de la ingeniería y nos hace replantear nuestra comprensión de la tecnología hidráulica en la antigüedad. La sofisticación y la precisión de este sistema son un testimonio de la ingenuidad y la capacidad de los nabateos para enfrentar los desafíos de su entorno y crear una ciudad próspera en el corazón del desierto.
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