¿Sabías que China es el líder mundial en la producción de baterías de litio, un componente crucial para la fabricación de coches eléctricos? De hecho, según la consultora SNE Research, el país asiático produce aproximadamente el 80% de las baterías que utilizan estos vehículos. Las empresas CATL y BYD son las mayores fabricantes de baterías de litio del planeta, con una cuota de mercado del 42,1% y el 13,4% respectivamente.
La posición de liderazgo de China en la producción de baterías se debe a varios factores. Por un lado, el país es el mayor productor del mundo de litio y tierras raras, que son las principales materias primas empleadas en la fabricación de las baterías. Además, China controla el procesado de estos materiales y es capaz de producir baterías a gran escala y con un precio muy competitivo.
Sin embargo, detrás de este éxito hay un ingrediente más que no podemos pasar por alto: la innovación y adaptación. CATL y BYD lideran la industria de las baterías globales gracias a su capacidad para innovar y adaptarse a las tendencias del mercado. Ambas compañías demostraron su capacidad para anticiparse a la competencia al apostar por las baterías de fosfato de hierro y litio (conocidas como LFP por su denominación en inglés).
No obstante, detrás de esta posición de liderazgo se esconde una paradoja. Los fabricantes chinos de baterías, y especialmente CATL y BYD, se enfrentan a una encrucijada: sus plantas dependen del gas natural para llevar a buen puerto los procesos térmicos, lo que las hace vulnerables a la inestabilidad geopolítica. La producción de una batería implica varios procesos térmicos que requieren sostener una temperatura constante y alta. Uno de ellos es el recubrimiento de los electrodos con una mezcla líquida de materiales activos. Y otro conlleva la evaporación de los solventes dentro de unos hornos gigantescos.
La fábricas de baterías han sido diseñadas alrededor de sistemas de tuberías y calderas de gas. La última fase de la producción consume una enorme cantidad de energía térmica, y actualmente las calderas de gas constituyen la forma más eficiente y económica de producir el vapor y el calor que son necesarios para que estos túneles de secado cumplan su función. CATL ha incrementado el uso de energía eólica y solar drásticamente, pero el problema con el que ha tropezado es que la electricidad aún no ha conseguido reemplazar con eficacia al gas natural en los procesos en los que está implicada la producción de calor a gran escala.
Y es que este gas entrega una cantidad de calor que es difícil igualar utilizando resistencias eléctricas a escala industrial. Además, las fábricas actuales han sido diseñadas alrededor de sistemas de tuberías y calderas de gas, de modo que cambiar toda la infraestructura de producción a una alternativa que prescinda del gas natural y apueste por la electricidad requiere una enorme inversión que obligaría a los fabricantes a incrementar el precio de las baterías. En este escenario, su competitividad se resentiría.
La profunda dependencia que CATL y BYD tienen del gas natural las expone a la inestabilidad del mercado global de la energía. De hecho, el incremento del precio del gas como consecuencia de la guerra de Irán está teniendo un impacto directo en el coste de producción del kWh. CATL ya está trabajando en una solución a este problema. Actualmente parece que la mejor alternativa a las calderas de gas es el secado mediante radiación infrarroja dirigida, aunque el gas continúa proporcionando hoy mucha más energía que todas las plantas renovables e hidroeléctricas juntas en el ecosistema de fabricación chino.
En resumen, China es el líder mundial en la producción de baterías de litio, pero su posición de liderazgo se ve amenazada por su dependencia del gas natural. La innovación y adaptación son clave para mantener su posición en el mercado, pero también es importante encontrar alternativas sostenibles y eficientes para reducir la dependencia del gas natural.
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